Experiencia de parto. Mis reflexiones

25 febrero, 2019

He estado esperando a sentirme de buen humor para recapitular sobre mi experiencia del parto, así que aquí va. Debería aprovechar mientras el bebé duerme para hacer unas cuantas cosas en la casa, pero necesito descansar un rato.

Ya era el 23 de enero, mi bebé William todavía estaba en mi vientre, y yo diciéndome a mí misma que tenía que terminar de llemar mis recibos de los impuestos antes del parto. Sabía que después no iba a tener tiempo. Al sentarme a escribir más números, empezaron unas contracciones suaves, creo que ese día escribí los últimos datos. Acabé finalmente a media noche. Sintiéndome aliviada me bañé y me fui a la cama. A la 1:30 de la mañana el bebé William respondió a mi señal de que ya podía salir y comencé el parto. Jústamente en la fecha prevista.

Mi marido Joseph y yo decidimos tener nuestro bebé en casa. Él y su familia entera nacieron en casa y tengo amigos que han tenido así todos sus niños, de modo que tuve mucho apoyo, sin dejar de mencionar a mi gran comadrona.

Desperté a Joseph y le di las buenas noticias. A la 1:30 de la mañana del 24 de enero las contracciones eran fuertes y con una frecuencia de 15 minutos. Después de casi una hora llamamos a mi amiga Nina. Nina fue con nosotros a las clases de Bradley y era junto a Joseph mi ayudante. Nina llegó cuando mis contracciones tenían una frecuencia de 10 minutos ¡Nunca he sentido nada en mi vida como una contracción! Pero lo más importante que aprendí en mis clases de Bradley era la respiración abdominal durante las contracciones. Cuando lograba concentrarme en la respiración se me aliviaba el dolor. Estaba sorprendida. Nina y Joseph se turnaron dándome masajes y recordándome que respirara. ¿Oh, ya mencioné el dolor de espalda? Nadie podía presionar lo suficiente para reducir la molestia en la parte baja de mi espalda. Espero no estar asustando a nadie. ¿Por qué creen que se llama trabajo de parto? Es trabajo de verdad.

Mi comadrona había dicho que no la llamaran hasta que tuviera una frecuencia de contracciones de 10 minutos durante una hora completa. ¡Yo estaba contando los minutos! No caminé durante el parto como se ve en los videos. Tuve un parto duro desde el principio. Mi amiga tuvo un parto de 26 horas, por eso se burla de mí cuando se menciona el tema, ya que el mio duró solo seis. A las cinco horas me bañé y José llamó a la comadrona. Me sentía débil y vomité todos los líquidos que bebí cuatro o cinco veces durante las contracciones. Con las contracciones me sentía débil temblorosa. Al oír esto mi comadrona Leslie me dijo con aire de satisfacción «Oh suena como que estás progresando bien, voy enseguida» Entré en la bañadera y me sentí relajada inmediatamente. Entre cada contracción me hundía en el agua caliente. Recuerdo claramente la satisfacción que esto me provocaba después de cinco horas de fuertes contracciones. Sentía el impulso intenso de pujar y un poco de presión en mi cerviz , así que me toqué abajo con los dedos y sentí una superficie lisa. Pensé, «¡esto no puede ser su cabeza!» Poco después me hundí en la bañadera y con la contracción siguiente sentí salir un chorro enorme, como un globo lleno de agua que estalla. Se había roto la fuente. Leslie llegó quince minutos después. Me dio la opción del tener el bebé en la bañadera o en la cama. Elegí la cama. No quisiera que ella tuviera que agacharse abajo de la bañadera y también sabía que mi familia desearía ver los acontecimientos y la bañera haría eso difícil.

Nos trasladamos a la cama y me acomodé. En el plazo de 15 minutos estaba de lado con una pierna en el aire empujando la cabeza de William. Empujé por cerca de 20 minutos y él salió. Me pareció que lo esencial era concentrarse en pujar y pujar en el lugar correcto. Si no me hubiera enfocado hubiera estado pujando mucho más tiempo. Ella me dijo que pujara como si estuviera usando el baño. Me sentía débil por falta de líquidos, pero di todo lo que tenía y tan pronto como su cabeza salió, mi espalda paró de doler.

A las 7:40 de la mañana del 24 de enero de 1999 el bebé William fue puesto en mi pecho, los ojos abiertos y buscando el pecho. No podría creer que había dado parido estas 8 libras y una onza de belleza. ¡Él es tan hermoso, nunca olvidaré este momento!

Todo el dolor y malestar valen la pena.

April

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