El profesor del futuro: un tándem de robot y humano

El profesor mecánico que vaticinó Isaac Asimov era «grande, negro y feo, con su enorme pantalla, en la que se inscribían todas las lecciones y se formulaban las preguntas». Margie, la alumna del cuento¡Cómo se divertían!, publicado en 1951, «detestaba sobre todo la ranura donde tenía que depositar los deberes y los ejercicios»Este robot de aspecto humanoide impartía sus clases en el hogar familiar, se encendía automáticamente durante un horario determinado y«calculaba la nota en menos tiempo que se precisa para respirar».

¿Cómo de atinado estuvo en sus pronósticos sobre enseñanza el escritor de ciencia ficción más célebre de la historia? A pesar de su extraordinaria visión vanguardista, Asimov se quedó corto en algunas de sus predicciones más atrevidas, a tenor de la importante evolución experimentada en los últimos años por la aplicación de programas de inteligencia artificial (IA) en determinados procesos educativos.

La incorporación de la IA al proceso de aprendizaje beneficia a profesores y estudiantes

Practicar un idioma charlando con un dispositivo, preguntar a un chatbot la diferencia entre dos conceptos, interrumpir una clase impartida por un avatar y pedirle que amplíe sus argumentos… Los profesores-robots ya están entre nosotros y los usamos a diario, prácticamente sin darnos cuenta. ¿Llegará un momento en el que la tecnología sustituya a los formadores? Reemplazarlos no, complementarlos sí. Esta es la conclusión a la que han llegado investigadores del eLearn Center, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en el informe Los chatbots en educación. Según este documento publicado a finales de 2018, el objetivo de los chatbots, programas que integran la IA y que son capaces de simular o mantener cierto nivel de conversación con las personas, «no es tanto sustituir a la figura docente, como complementarla». Y aunque se prevé que las máquinas vayan asumiendo cada vez más tareas, la participación humana será indispensable. «El profesor del futuro será la suma del docente humano y del docente de IA, con una distribución de tareas complementarias», concluye el estudio.

«No hay que tener miedo a la incorporación de la IA en los procesos de aprendizaje», explica Lluís Pastor, director del eLearn Center. «Es algo que va a ocurrir y que beneficia a todos: al docente y, sobre todo, al estudiante, que debe ser el centro del aprendizaje y que va a disfrutar de acompañamiento permanente», añade; «un servicio que de momento no es posible ofrecer porque ningún profesor humano puede estar siempre disponible».

La implantación de la IA ya es un hecho en muchas universidades, sobre todo en procesos administrativos, aunque en entornos didácticos todavía se trata de experiencias circunstanciales, explica Lluís Pastor. «En la UOC estamos trabajando para que esta combinación humano-robot no se aplique de forma puntual, como experimento, sino que sea una realidad permanente», explica. Actualmente ya se están llevando a cabo ensayos con fines educativos y administrativos. En 2019 se extenderán estos proyectos piloto a más ámbitos y asignaturas, con el objetivo de que dentro de unos cinco años se disponga de chatbots totalmente funcionales que puedan servir al profesor humano como asistentes de plenas garantías. De ahí a consolidar otros aspectos más humanos, propios de una inteligencia artificial general (IAG), «nos proyectamos a más de veinte años vista, lo que supone moverse en un terreno bastante especulativo», comenta Guillem Garcia Brustenga, director de tendencias del eLearn Center y uno de los autores del informe.

El profesor no peligra: será aún más indispensable

En 2015, Jill Watson impartió un curso de posgrado en la Universidad de Georgia, en Atlanta (Estados Unidos). Durante un semestre, la docente planteó preguntas a sus trescientos alumnos, respondió sus dudas y evaluó sus respuestas sin que nadie sospechara que, en realidad, Jill era un sistema de IA elaborado por IBM. Al finalizar el curso, los estudiantes solo tuvieron comentarios positivos hacia el trabajo desempeñado por su profesora virtual. Aunque el resultado fue positivo, Garcia Brustenga cree que no conviene engañar a los estudiantes: «En nuestras pruebas hemos visto que vale la pena ser honesto y avisar al estudiante de que está hablando con una máquina».

A pesar del asombro que despiertan estas prácticas experimentales, parece evidente que las máquinas no están ideadas para sustituir al profesor: van a trabajar en tándem, encargándose cada uno de las tareas para las que son más eficientes. Los programas de inteligencia artificial (IA) asumirán tareas mecánicas y repetitivas, permitiendo a los profesores ocuparse de trabajos más creativos. De hecho, recalca el director del eLearn Center, «el trabajo del profesor no solo no peligra, sino que se hará más indispensable aún, dado que se convertirá en el encargado de formar y entrenar al robot, una competencia sobre la que ya estamos trabajando en nuestra universidad».

Porque, según las conclusiones del estudio, un programa informático no es capaz de asumir ciertas tareas que solo una persona puede llevar a cabo. Y si no, que se lo digan a los creadores de Tay, un chatbot diseñado por Microsoft para mantener conversaciones divertidas con jóvenes en las redes sociales y que disfrutó de apenas dieciséis horas de vida. Tay fue rápidamente desactivado cuando sus mensajes se volvieron xenófobos, homófobos y sexistas. ¿Qué ocurrió? Según los portavoces de la empresa desarrolladora, los usuarios «abusaron» de las capacidades de conversación del robot y propiciaron unas respuestas «inapropiadas». Y es que los bots son programas que aprenden con entrenamiento y ejemplos, recuerda Garcia Brustenga, por lo que siempre hará falta «controlar el posible sesgo provocado por un entrenamiento erróneo del bot».

El robot, un amigo que acompaña en el aprendizaje a lo largo de la vida

El director del eLearn Center equipara la labor del robot con la de un «amigo» que va a estar al lado del estudiante durante todo el proceso de aprendizaje; no solo en una asignatura o cursando un grado u otra titulación concreta, sino a lo largo de toda la vida: «Va a ser nuestro alter ego, alguien que nos acompaña, que nos anima, que conoce qué materias nos suponen un mayor esfuerzo y en qué momentos somos más productivos». Además, este profesor-robot estará a disposición del estudiante «las 24 horas del día los 7 días de la semana», añade Lluís Pastor, «y en cualquier lugar». Porque el aprendizaje ya no es un concepto estático y en el futuro aún lo será menos. El universitario podrá acceder a un vídeo de una asignatura desde el móvil mientras viaja en el metro, escuchará un audio mientras pasea, buscará información en cualquier lugar cuando tenga un rato libre. La forma de adquirir conocimientos está cambiando y la universidad ya se está adaptando a esta nueva manera de aprender, incide Pastor, quien en este sentido destaca el plan de transformación de asignaturas que la UOC está llevando a cabo y que afectará a 35.000 estudiantes el próximo curso.

La voz del robot, más persuasiva que su imagen

¿Y hasta qué punto el profesor-robot se parecerá a una persona? La película Blade Runner, un clásico del cine estrenado en 1982, presentaba a los replicantes como seres artificiales que imitan al ser humano en su aspecto físico y en su comportamiento, llegando a ser virtualmente indistinguibles. Curiosamente, la acción de este largometraje de culto en el género fantástico se sitúa en el año 2019. ¿Estamos próximos a esa representación virtual humanoide en nuestros días? Garcia Brustenga explica que tanto el sentido del humor como la proactividad o la capacidad de ponerse en el lugar del otro son comportamientos que pueden programarse. Aunque los bots nunca tendrán la capacidad de leer el pensamiento de un estudiante, sí podrán llegar a deducir sus emociones a través de las expresiones faciales y analizando sus respuestas. «Pero no hay que olvidar que son programas de ordenador», añade, «así que podrán simular la empatía o proponer soluciones creativas, pero sin ser conscientes de ello».

Y en cuanto a su aspecto, Lluís Pastor explica que una apariencia demasiado humana agrada a algunos, pero molesta a muchos otros. Por ello, lo ideal es que el estudiante pueda elegir el nivel de realidad de su profesor-robot en cuanto a habilidades y representación externa. Según el director del eLearn Center, «a día de hoy, un docente robot con semblante humano puede provocar rechazo y resultar un tanto siniestro». En esta misma línea se posiciona Garcia Brustenga, que asegura que «lo mejor sería que fuese configurable por el estudiante, aunque, si tenemos que escoger un comportamiento general para todos los usuarios, mejor que sea neutro y “poco humano”».

En otra película, Her (2014), el protagonista mantiene una relación sentimental con el sistema operativo de su ordenador, que se expresa mediante una voz intuitiva y sensible. Obviamente, sin llegar a ese extremo de ficción, Pastor admite que en la UOC se está trabajando para que el tono y el timbre de los bots sean amigables y persuasivos y afirma que, en su opinión, es mucho más interesante lograr una buena comunicación auditiva con el estudiante que recrear un físico parecido al de una persona.

Parece más que evidente que estos programas informáticos conversacionales han llegado al sector educativo para quedarse. «Aunque en la actualidad ya podemos comunicarnos con ellos del mismo modo que hacemos con las personas, los chatbots son herramientas que todavía van a evolucionar mucho. Y mejorarán a medida que adquieran más conocimiento, gracias al uso de los macrodatos y a la aplicación de capas de IA relacionadas con el aprendizaje profundo», concluyen los investigadores de la UOC.



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