Abre los ojos, ¿realmente era tan buena?

4 noviembre, 2014

Hace ya varias semanas, cuando me encontraba encerrado en un geriátrico, prometí decir toda la verdad sobre la película Abre los ojos. Como soy un tío de palabra me dispongo a eso. Para entender mi análisis tenéis que: Haber visto la película, haber aprobado quinto de primaria y tener en cuenta que no hay que buscar un significado fuera de lo que visteis. La película empieza con la primera imagen y termina con los créditos. Y fin. No os pongáis en plan empollones gafotas a sacar conclusiones porque os equivocáis. ¿Por qué coño la película tiene que ser un sueño? ¿Solo las películas donde sus protagonistas llevan trajes de papel aluminio son fantásticas? ¿No pensáis que existan tipos tan feos en la realidad? ¿Es verdad que Fire se come a los niños?

¡No te la recomiendo!, ¡no te la recomiendo!

Como sabía la fama que tenía Abre los ojos de película difícil que genera preguntas, me propuse verla. Y sí, puede parecer un jaleo, pero la película es explicada en los últimos 5 minutos por un señor muy simpático. Y amigos, o estáis metiendo mano a vuestra pareja o se comprende perfectamente. No pongáis excusas tipo: “Jo, pero eso no lo hemos dado”, o “Jopelines, eso dijiste que no entraba”.

Abre los ojos

Si queréis seguir comprendiendo mi análisis tenéis que leer parte de mi historia:

Hace unos 5 años yo era un chaval con mostacho y mucho miedo a la muerte. No conocía ni el alcohol ni los cariñitos de las hembras, cosa que me reprimían contra la almohada y el Pc fútbol 4.0. Por la noche daba vueltas en la cama pensando que un día y sin saberlo dejaría de sentir, que en una décima de segundo perdería toda conciencia de mi existencia. Yo nunca he concebido vivir en el cielo ni la eternidad, me mareaba cuando lo hacía. Un bichito me mordía el estómago y yo me cagaba en mi puta madre hasta que caía dormido. Por lo que me engañaba y buscaba soluciones al margen de las religiones. Pensaba en la reencarnación y en el inverso desarrollo de humanos y animales como explicación de su existencia.

Imaginaba al cerebro como salvación. Pensaba que la memoria se auto-entrenaba durante toda su (nuestra) vida para recordar escenarios y personas cuando no existiéramos. Moríamos y nuestro cerebro eyaculaba, salpicando en la eternidad nuestra vida deseada.

Otra posible solución era la de congelarme como Walt Disney. Estudiar, ser un hombre de bien, ganar dinero, plantar un árbol y pedir que me congelaran al morir. Cuando se encontrara un remedio a mi situación sería descongelado y podría seguir viviendo. Y a seguir ahorrando para volver a ser congelado.

Cuando vi Abre los Ojos me di cuenta que mis miedos infantiles los había plasmado Alejandro Amenabar como suyos. Puede que tú no te dieras cuenta, pero yo entendí la película porque conocía esa manera de pensar. El lechón sufría como yo. Pobre.

Análisis: La película Abre los Ojos no significa NADA, es consecuencia del miedo a morir que tiene su director.

Los Otros confirmaron mi postura. No está mal la visión de la muerte en la que escapa Alejandro Amenabar: Mueres, ni te enteras, todo sigue igual, no te molestan los vecinos y hasta tienes sirvientes eternamente. Ni Nacho Martín.

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