¡Tenemos ocho consejos para evitar las rabietas!

Todos hemos sido pequeños y hemos protagonizado rabietas ante nuestros padres, profesores o amigos en alguna ocasión. Por eso, es importante tener presente que estas conductas forman parte del repertorio de respuesta normal en la infancia. Según los pedagogos asesores de RUBIO, esto se debe a que los niños todavía no han desarrollado estrategias para gestionar sus emociones y responder de manera adecuada a las diferentes situaciones.

Para evitar estas malas conductas, se debe comprender que el niño o la niña está intentando manejar un estado emocional difícil, como la tristeza, el enfado o la frustración, que aparece debido a una necesidad no cubierta, ya sea hambre, sueño o falta de confianza en sí mismos. Es por esto, que nuestros chiquitines responden de forma poco adaptativa, ya que todavía no ha aprendido a gestionar este malestar emocional.

Y como es imposible evitar que aparezcan estas necesidades, es muy importante saber guiar a los niños para que este comportamiento inicial no desemboque en algún transtorno más complejo en su etapa adulta. Desde RUBIO nos proponen ocho consejos para evitar estas situaciones cotidianas:

  1. Ante todo, hay que mantener la calma. Es comprensible que una rabieta puede sacarnos de nuestras casillas, pero es muy importante evitar tensiones innecesarias.
  2. En lugar de prestar atención a las rabietas, es recomendable hacerle saber que se dialogará con él cuando se encuentre más tranquilo.
  3. Reforzar las buenas conductas es un buen mecanismo para que sepa que valoramos más sus emociones positivas que las negativas.
  4. No pienses que es algo personal, ya que el niño no pretende desafiarte ni retarte.
  5. Es muy importante investigar por qué se ha producido esa rabieta y expresarle al niño por qué se está sintiendo de esa forma.
  6. Los límites y normas son necesarios.  Por ello se ha de establecer qué está permitido y qué no. Y, por supuesto, ser coherente y cumplirlo siempre.
  7. Explica las consecuencias que tendrá su mal comportamiento. No hablamos de castigos, sino de repercusiones lógicas que ellos puedan entender.
  8. Ayúdale a trabajar su inteligencia emocional y a identificar sus emociones. Si comprenden qué les ocurre, será más fácil aprender cómo cambiarlo.

Estamos seguros que con paciencia y un trabajo constante, les resultará más fácil gestionar y evitar esas rabietas para ser mucho más felices.