El autoaprendizaje llega a la educación primaria y secundaria

El aumento de las nuevas tecnologías en los colegios y los cambios en las metodologías educativas permiten que los alumnos sean cada vez más autónomos y empiecen desde edades tempranas a participar en su propio aprendizaje. El estudio Midiendo la innovación en la educación 2019. ¿Qué ha cambiado en el aula?, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en enero, confirma el aumento significativo del uso de ordenadores y tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para la adquisición de conocimientos de manera independiente por los estudiantes tanto de primaria como de secundaria.

«La expansión de los contenidos y la facilidad de acceso a la información permiten formarnos por internet mediante vídeos, blogs, enciclopedias en línea, cursos y cursos en línea masivos y abiertos (MOOC)», explica Guillermo Bautista Pérez, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación y director del máster universitario de Formación de Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas de la UOC. «Por lo tanto, es normal que cada vez más haya aprendizaje fuera de los ámbitos formales. Es bueno que desde la escuela se aproveche, se incentive y, lo más importante, se guíe y se acompañe este aprendizaje», añade.

Y, aunque en secundaria los alumnos tienen más autonomía a la hora de utilizar las nuevas tecnologías para aprender por sí mismos, «también en primaria se puede empezar a crear la cultura del aprendizaje autónomo», explica el profesor de la UOC. «Es bueno que desde pequeños puedan ver cómo la tecnología no solo se usa para jugar con videojuegos o navegar por las redes sociales, sino que también sirve para crear materiales, para compartir, para enseñar a los demás y para aprender uno mismo», añade.

Memorizar menos y razonar más

Las clases magistrales, aquellas en las que el docente simplemente traslada un temario al estudiante, están dando paso a nuevos métodos de aprendizaje en los que el estudiante ha de buscar respuestas, razonar, discurrir… «No se trata de dejar que el estudiante aprenda solo», explica Héctor López, profesor colaborador del grado de Economía de la UOC y subdirector de un colegio madrileño, sino de permitirle investigar, explorar y adquirir conocimientos con la supervisión y la guía del profesor. Es evidente que las nuevas tecnologías y las herramientas de búsqueda de información facilitan esta tarea, por lo que ya no tiene tanto sentido centrar la enseñanza en la retención de unos contenidos fáciles de encontrar. «Cada vez se tiende a memorizar menos y a razonar más», añade Héctor López. Actualmente, el sistema educativo se basa en competencias, completa Guillermo Bautista, «y este tipo de aprendizaje requiere de procesos más complejos y no solo de memorización».

El estudio Midiendo la innovación en la educación 2019 mencionado certifica la incorporación de nuevos métodos de aprendizaje en las aulas. Por ejemplo, revela que en España la proporción de estudiantes de primaria que utiliza las TIC en clase de matemáticas para buscar información y adquirir conocimiento de manera independiente ha pasado del 23 % al 36% entre 2011 y 2015, un porcentaje mayor que la media de los 36 países miembros de la OCDE. También se ha detectado un retroceso de un -18 % en las tareas de memorización en matemáticas: en 2011 el 66 % de los estudiantes de primaria aprendía memorizando mientras que en 2015 lo hacía solo el 48 %.

Las TIC han de estar al servicio del proyecto educativo

Pero, aunque el informe de la OCDE destaca el aumento significativo del uso de las TIC en las prácticas pedagógicas en los estados miembros, Guillermo Bautista advierte del peligro de pensar que las nuevas tecnologías cambiarán la educación. Para el profesor, es importante desterrar «las falsas promesas pedagógicas» que se han asociado a las nuevas tecnologías «y enfocar su utilización para aprovechar todas sus posibilidades de aprendizaje». Se ha pasado de la incorporación de las TIC de manera generalizada —pizarra digital, un ordenador por estudiante, tabletas para todos, etc.— a una integración algo más racional y relacionada con las necesidades o el proyecto educativo del centro y del profesorado. «Por suerte y aunque ha tardado años, actualmente se produce una integración algo más reflexiva y con un cariz más pedagógico de las TIC que hace unos años», añade.

Además, las escuelas y los docentes tienen un reto importante en relación con las nuevas tecnologías más allá de su uso didáctico: «El de enseñar y alfabetizar para su utilización y para que, debido a su poder de influencia, no signifiquen un problema para el desarrollo y el día a día de los niños. Actualmente no hay nada que llame más la atención a niños y jóvenes que lo que les ofrecen las pantallas, y eso requiere una gran capacidad crítica», explica. 

En todo caso, la integración de las TIC en los procesos educativos no será del todo efectiva hasta que no se integren también en las evaluaciones de conocimientos y destrezas que la Administración hace a los alumnos. Según Héctor López, uno de los motivos por los que las nuevas tecnologías no se están introduciendo con más rapidez y eficacia es que las pruebas externas en la etapa escolar, o incluso en la EBAU, la antigua selectividad, no han cambiado de patrón. «No se evalúan las competencias digitales ni se han incorporado nuevas maneras de examinar; ni siquiera se incluyen audios en los exámenes de inglés para medir los conocimientos del estudiante», dice.

Las notas mejoran si se involucran los padres

El estudio llevado a cabo por la OCDE revela, además, que el interés continuo de los padres y madres por la vida escolar y el aprendizaje de sus hijos contribuye a mejorar sus resultados académicos. En España, el porcentaje de estudiantes cuyas familias están involucradas en las actividades del colegio aumentó del 17 % al 47 % de 2011 a 2015, un incremento superior a la media de los países participantes en el estudio.

En este sentido, Guillermo Bautista explica que la educación no se puede dividir en momentos o en niveles. «Se educa en todos los sitios y constantemente; y la escuela y la familia deben apoyarse y aprovecharse la una de la otra. Deben compartir una misma visión».

Sin embargo, esto no legitima una injerencia excesiva de los padres en el proceso de enseñanza. Héctor López puntualiza la importancia de que familia y colegio trabajen consensuadamente y en la misma línea, sin desautorizar a los profesores ni tampoco limitar la autonomía del propio estudiante. «Los chavales han de aprender a ser cada vez más autónomos en su aprendizaje y una involucración obsesiva de los padres puede ser contraproducente, aunque en un primer momento pueda influir en una mejora del rendimiento académico», advierte.



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